Búsqueda Rápida

Guía Gastronómica

Proveedores

Artículos

Junio 2017

Lírica Gastronómica

Por Marco Guzmán, Portal Restaurantes Chile.

Lírica GastronómicaLa lírica, como género literario que encuentra su más alta expresión en la poesía, no está exenta de la presencia del tema gastronómico. Muy por el contrario, éste suele ser recurrente en la obra de muchos poetas, especialmente de habla hispana, en cuyos versos hemos hurgado para seleccionar un delicioso menú que les hemos querido compartir en este artículo.

Las odas de Pablo Neruda son un claro ejemplo de lírica gastronómica. En ellas encontramos una apología a platos y productos autóctonos, como el “grávido y suculento” caldillo de congrio, que nació en las ollas chilenas para que pudiésemos conocer el cielo; la cebolla, cuya hermosura se formó “pétalo a pétalo y en el secreto de la tierra oscura” o la alcachofa, este maravilloso “vegetal armado” que “escama por escama desvestimos y comemos la pacífica pasta de su corazón verde”. Pero Neruda nos evoca además que “comer solos es muy amargo” y nos exhorta, en “El Gran Mantel”, a “comer con todos los que no han comido”, a poner largos manteles y “panaderías planetarias”, “mesas con fresas en la nieve y un plato como la luna donde todos almorcemos”.

Armando Uribe, por su parte, nos recuerda que “no se hace pan si no se muele el trigo” y Nicanor Parra, en sus versos al vino, agrega el maridaje perfecto, destacando su poder “que admira y que desconcierta, transmuta la nieve en fuego y al fuego lo vuelve piedra...”. Ese vino que, según Borges, en las arrebatadas estrofas del sufí “es la cimitarra, la rosa y el rubí” y que, como canta Alberto Cortez, “puede sacar cosas que el hombre se calla, que deberían salir cuando el hombre bebe agua…”

Pero también en esa casi olvidada y críptica estructura que es el acróstico podemos hallar la lira del canto poético y en este caso la primera letra de cada línea forma, hacia abajo, la palabra restaurante:

Recuerdo ese día que restauraste mis fuerzas…
En una mesa, ausente de dolor y silencio,
Sin espacios, entre el cielo y la tierra, cenamos juntos…
Tuvimos la carta en nuestras manos y elegimos esta vida,
Absortos, degustamos sus manjares,
Una y otra vez nos repetimos,
Reímos y bebimos el elíxir,
Ajenos al temor y a toda angustia…
Nada hará que olvide aquella magia,
Tenedor libre y atención perfecta,
Entre delicias, fuimos Dioses de un Olimpo.

Así, la poesía nos acerca a la emoción trascendente que el natural acto de alimentarse puede alcanzar en el ser humano, acercándonos más a lo mejor de nosotros, logrando en ocasiones una catarsis que nos libera, como a Baltasar de Alcázar, a quien, en el siglo XVI, tres cosas lo tenían preso: “la bella Inés, el jamón y las berenjenas con queso...”